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| Larga vida al Gran Hermano. (Click para ampliar) |
En víspera de las
elecciones presidenciales mexicanas del año 2000, el martes 26 de junio,
Vicente Fox Quesada realizaba su acto de cierre de campaña en el estadio de
fútbol de León, donde reside, con un lleno hasta las lámparas, e incluso toda
la cancha, de entusiastas ciudadanos que veían en él la promesa de un cambio
que-pese a que obtuvo el triunfo para la oposición y llegó a la Presidencia de
México-nunca llegó.
Fox sostenía entonces la
tesis de que el Partido Revolucionario Institucional, a la sazón con 70 años
ininterrumpidos en el poder, a la manera del Titanic, se hundiría para siempre.
También decía que con sus botas aplastaría a las alimañas, tepocatas, alacranes
y víboras prietas que caracterizan a los militantes de ese partido político.
Él arrasó con sus
contrincantes en las urnas; desde las primeras horas del domingo 2 de julio, ya se
sabía ganador y la gente celebraba como nunca en las calles. Pero el encanto duró
lo mismo que una pompa de jabón.
Por su parte, El Gran
Hermano, que tenía y tiene ojos en todas partes, vigilaba todos los movimientos
del protagonista de la alternancia, hasta que logró transformar su mente-¿lavado de cerebro?- y hoy Fox está convertido en un priista más, pues cuenta con intereses
cercanos a ese partido, ante el asombro de algunos de sus antiguos
correligionarios, quienes por su parte muchos de ellos han transitado o están
ahora mismo en una circunstancia similar.
Cuánta razón tenía el autor inglés George Orwell, que en su libro 1984, escrito en 1947, mantiene
la tesis de que el Gran Hermano-o el establishment- vigilaría en el futuro las
vidas de los ciudadanos y controlaría las emisiones de los medios de comunicación. Incluso
llegaría al racionamiento de productos esenciales como la electricidad, el agua
y los alimentos, tal y como ya sucede, aunque sea de manera incipiente con
estos últimos, en nuestro país.
El Gran Hermano te está
viendo. La guerra es la paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es
fortaleza.
Por eso, a 15 años de la
alternancia, el entusiasmo por el cambio se ha perdido para siempre.

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