Desde los inicios de la
humanidad, los mensajeros han sido fundamentales para la comunicación entre
emisor y receptor, sobre los acontecimientos. Las pinturas rupestres, en la
prehistoria, hasta los jeroglíficos de las primeras civilizaciones,
constituyeron una forma de comunicar. En la leyenda griega, el mensajero
Filípides corrió desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria sobre los
persas y cayó exánime.
Pero ¿qué pasa cuando los
mensajeros riñen? Nada extraordinario, aunque por lo menos animan el cotarro y
sirven como cotilleo.
Por ejemplo, Charles Foster Kane,
periodista colérico, personaje principal de la cinta El Ciudadano Kane (RKO Pictures,
1941), editor del Inquirer, arengará a sus empleados a competir contra el
Chronicle en la búsqueda de la noticia.
En consecuencia, en la
realidad, la primer gran y publicitada riña entre mensajeros, debe haber sido
la del magnate de la prensa William Randolph Hearst contra el actor y director megalómano, Orson Welles, con tan
sólo 25 años de edad, cuando éste filmó la película El Ciudadano Kane, pues el personaje
principal parecía totalmente basado en
la vida de aquél.
Ahora veamos lo que sucede
últimamente en México: algunas reyertas entre los mensajeros, sean adoradores o
disidentes del reino priista, quienes lejos de mantener discreción, por aquello
de que la ropa sucia-del gremio-se lava en casa, han llamado la atención
pública dejando en segundo término, a menudo, la esencia del mensaje.
No esconden la antipatía,
todo lo contrario. Es el caso de Aristegui, quien expresaba que aunque no
contaba en absoluto con su simpatía, pese a que habían sido compañeros de
trabajo, Pedro Ferriz de Con, de acuerdo con las señales de los motivos de su
despido de grupo Imagen, habría sido el primer “despeñado”, juego de palabras
en alusión presidencial.
Al mismo Ferriz de Con, el
periodista de Milenio, Carlos Marín, le endilgaba, hace años, el lapidario
insulto de “mercachifles”, cuando aquél estaba en su mejor momento como
mensajero.
La propia Aristegui ha
sido cuestionada una y otra vez por Televisa, casa matriz de mensajeros para el
reino priista por excelencia, debido a su línea editorial, inquisidora, versus los
presuntos nexos que unen a la televisora con el gobierno.
Por su parte, el
periodista de Milenio y Televisa, Ciro Gómez Leyva, también se ha unido al
cuestionamiento a la labor de Carmen, expresando su rechazo a “su actitud
pavorrealesca”. De pavorreal, pues.
Además, el mismo Gómez sentenció que a dicha
mensajera “lo que le duele es nuestra información.”
Aristegui, por su parte,
le contestó duramente con el ya conocido mensaje “tres veces no”, en You Tube.
Y a Televisa, Carmen le ha
respondido con bofetadas con guante blanco, leyendo sus misivas en su espacio y
agradeciendo que en los altos mandos de la televisora se interesen por su
trabajo.
Así las cosas entre
mensajeros autóctonos, quienes podrán destrozarse entre sí, pero jamás hacerse daño.
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