La imagen que se tiene a nivel nacional del PRI, poderoso y autosuficiente, con la primera minoría en la Cámara de Diputados y la mayoría de las gubernaturas, no concuerda con su lastimosa situación en esta Ciudad.
Tengo mis dudas de que el PRI alguna vez haya sido un frondoso roble en el horizonte leonés. Creo que vivió a la sombra del centralismo durante los 70 años de gobierno cuasi único en México.
Los últimos gobernadores priístas de Guanajuato no eran más que enviados del centro, una especie de embajadores porque no habían residido aquí y mucho menos conocían a quienes venían a gobernar.
Son los casos de Enrique Velasco Ibarra y Rafael Corrales Ayala, en los ochenta, ilustres desconocidos pero prueba real de que durante largos años funcionó el dedazo, la imposición, el nepotismo, la simulación y la cooptación desde el centro.
La poca identificación y afinidad hacia ese partido es la consecuencia directa de esos malos gobiernos y padece la indiferencia del electorado. Hay un millón de electores registrados sólo en León y tres millones en el estado.
El PRI en esta Ciudad, carece de oficinas. Sus escasos cuadros no alcanzan para una casa digna.
Qué es el PRI? Una federación de partidos locales repartidos por el país? Un club de amigos ricos y parientes pobres que funciona en elecciones?
Mientras su opositor panista construirá una nueva sede, la más grande de un comité local, con un costo de 12 millones de pesos en aportaciones de militantes, el PRI es un indigente político en León.

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