Al gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, le pone nostálgico el ambiente decembrino en su despacho.Por eso ya se acostumbró a viajar a Europa, durante el último mes del año, en lo que va de su mandato.
Por ejemplo, el año pasado, en ocasión de su aniversario de bodas, viajó al viejo continente, en compañía de toda su familia, pagando presuntamente con recursos del erario local. Disfrutó casi un mes de vacaciones.
De igual manera, Oliva ha viajado a El Vaticano en estos días, junto a una comitiva de 16 personas, para presentar una exhibición de la cultura y artesanía guanajuatense ante la máxima jerarquía católica, y también deseaba una audiencia con el papa Benedicto XVI, pero sólo obtuvo un saludo.
La tenue oposición al PAN, partido que parece invencible en este estado, ha criticado este viaje bajo el argumento de que “cualquier pretexto es bueno para viajar con cargo al erario, como lo hace el gobernador”.Y no les falta razón, porque es lo que piensa la mayoría de los ciudadanos. Quizá se refleje en las urnas, en su momento.
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