Dice el dicho que “cuando se está en el momento más oscuro, es señal de que va a amanecer”. Y luego, por arte de magia, viene la luz.
Quizá eso es lo que le sucederá a México, nuestro país. Los mexicanos de bien lo deseamos de corazón. No tenemos otro. No es tan sencillo dejar nuestra tierra, nuestras raíces, nuestras ilusiones y declarar nuestra derrota, por más que la situación se torne cada vez más oscura.
La descomposición social e inestabilidad económica comenzó en la política.El partido cuasi único hasta 1997 y la eterna transición han arrastrado tras de sí un caudal de problemas que, a menudo, parecen irresolubles. Los poderes públicos están enfrentados entre sí. Todos quieren su cuota de poder y dinero. Al fin de cuentas todo se reduce a poseer esas dos cosas.
¿Será necesario exigir que se vayan todos?Esperanza inútil, pues quienes los substituyan no garantizarían que la situación cambie para mejorar.
Por lo pronto, en mi ciudad, otrora risueña y esperanzada en un futuro, la gente tiende a perder la sonrisa gradualmente, y los rostros adustos se observan por doquier. Sólo veo sonrisas en los más chicos. Diríase que los adultos no nos podemos dar el lujo de sonreír, en este momento oscuro de México, y León, aunque tranquilo, no es la excepción.
A menudo, por esperarlo con anhelo, demora mucho el amanecer.

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