Quiso el caprichoso destino que coincidieran, durante la tarde del soleado jueves 2 de los corrientes, las andanzas de María Puri, madura señorita soltera, militante de la vela perpetua y guanajuatense de abolengo, quien acababa de salir de misa de las doce, y Libidio, enjundioso veinteañero, chilango recién llegado a residir a la Ciudad, quien encontrábase acompañado de su agraciada y curvilínea esposa Thais. La pareja estaba retozando en una de las jardineras de la flamante plaza ubicada junto al Templo Expiatorio, iglesia de estilo neogótico cuya construcción comenzó en 1926, en base a donativos de los fieles católicos.
Ajeno al bullicio circundante, Libidio estaba llegando a segunda base con su consorte (dícese de un beso en la boca durante el coloquio amoroso), a juzgar por el avezado ojo de la señorita Puri, quien al ver tal "horror", ha puesto-literalmente-el grito en el cielo, exclamando a todo pulmón: "¡Pecadores!", "¡Hay niños!", "¡Hay niños!", al tiempo que-inexplicablemente-no podía apartar la mirada de la apasionada escena de un cariñoso ósculo entre los cónyuges.
Ante tales gritos, el osado veinteañero ha debido confrontar a su inquisidora, llamándola ridícula, y ésta sintióse aún más ofendida, cobrando tal intensidad el escándalo que la policía, siempre en vigilia, ha tenido que intervenir, haciendo las delicias de los parroquianos y transeúntes, leoneses y fuereños de todas las edades, a quienes Dios los ampare si es que alguna vez rehúyen un buen cotilleo.
En estricto sentido, dicho incidente (*) narrado aquí, ha mostrado que en León, con dos millones de habitantes en su zona de infuencia coexisten, no sin dificultad, por una parte el conservadurismo secular junto a las expresiones progresistas que, conjuntadas, parecen dar como resultado una Ciudad pretenciosa y-a menudo- fanfarrona, pero todavía con algunas pajas en el hombro.
*Suceso Real.Nombres Ficticios.

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