domingo, 21 de julio de 2013

"Poquianchis" modernos también lloran

En el año 2008, el Ayuntamiento de esta ciudad debatió al límite otorgar el permiso de instalación de un nuevo y lujoso centro nocturno para caballeros llamado Odyssey. Por una parte estaban los integrantes del Cabildo, quienes favorecían nuevas inversiones para coadyuvar a la economía y, por la otra, los emisarios del Arzobispado, quienes no veían con buenos ojos otro “centro de perdición“.

Bajo esos argumentos contrapuestos, gobernaba el PAN la comuna y, sorpresivamente, haciendo a un lado su imagen conservadora,  el voto favorable del Alcalde definió la cerrada votación.

El Odyssey se sumaba así al Flamingos, al Rendezvous y al Casbah, que formaban, entre otros, la oferta nocturna citadina en ese rubro. Sin embargo, luego de su difícil comienzo, el Odyssey cerró hace poco sus puertas, inesperadamente, al parecer por incosteabilidad.Otro lugar, El Capitán George, un centro de espectáculos y Restaurante Bar, cerró hace dos años porque su propietario, un empresario oriundo de Tamaulipas, sufrió un atentado en las cercanías del antro.

¿Quiénes fueron Las Poquianchis y qué huella dejaron en su paso por León?

Aún hoy, en México el decirle Poquianchis a alguien es despectivo, un insulto en grado superlativo.Lo hicieron famoso tres mujeres, hermanas, apodadas así por el pueblo, que estaban dedicadas a regentear a las de su género en la profesión más antigua del mundo, en burdeles ubicados en poblados de los alrededores de esta ciudad, e incluso en la zona céntrica de la misma, allá por los años cincuentas del siglo pasado.Imagine lo pequeña que era la ciudad en ese entonces, pues tenía menos de 200 mil habitantes.Una décima parte de lo que es hoy.

Por esos años la prostitución era permitida. El establecimiento del burdel de Las Poquianchis, llamado “La Barca de Oro”, en una zona céntrica de León, da testimonio de ello. Dicho sitio operó durante algunos años, hasta que el cambio de administración política determinó ilegal esa actividad.

Entonces Las Poquianchis se refugiaron en la clandestinidad del oficio, lo cual desencadenó los hechos punibles,  conocidos ahora como trata de blancas, homicidios y explotación sexual. Sentenciadas a cuarenta años de cárcel, terminaron sus días en prisión.

El libro Las Muertas, del escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia, es una narración literaria del suceso que conmocionó a todo el país-lo cual es imposible hoy, pues se ha perdido  la capacidad de asombro- allá en tiempos pintorescos, cuando amarraban a los perros con longaniza, a decir de nuestros adultos en plenitud.

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