Uno de los más buscados por la Procuraduría de Justicia en Guanajuato es Eduardo García Sánchez, funcionario de adquisiciones de la Secretaría de Finanzas del Estado, quien habría incurrido en rampante corrupción en su labor.
“Tenía que buscar precio, calidad y servicio, y la verdad es
que ésta persona no correspondió a la confianza que le dimos”, ha dicho el
gobernador.
“Lalito”, como le llaman sus compañeros de trabajo, renunció
a su cargo antes de presentar su declaración en una investigación de rutina
sobre una auditoría. Está en calidad de fugitivo, pero son recordadas sus
fotografías en Facebook viajando por varios países.Se le imputa el delito de enriquecimiento ilícito por adquisiciones con sobre precio con cargo al erario.
¿Cuánto de los diez mil millones de pesos que adeuda la administración estatal-y con ella los casi 6 millones de guanajuatenses-correspondieron a desvíos y actos de corrupción?
En años recientes, la deuda pública de este estado se ha multiplicado por 4.
En años recientes, la deuda pública de este estado se ha multiplicado por 4.
“Tengo la conciencia tranquila”, ha dicho esta semana el gobernador
Márquez, sin pretender ufanarse de la calificación aprobatoria que-a un año de
su gobierno- habría recibido de los guanajuatenses, a partir de una encuesta de
Mitofsky. Es uno de los 10 mejor calificados del país, subrayaron algunos
medios.
En el imaginario popular, el ungimiento del actual gobernador
es atribuido a una regla no escrita, la cual consiste en que un período sexenal
correspondería a un leonés y el siguiente a un oriundo de otro lugar de
Guanajuato.
Con 47 años, Márquez desde hace más de dos
décadas forma parte del organigrama gubernamental, que comenzó con la alcaldía
de Purísima, un pequeño municipio aledaño a León. Ha sido diputado local y
titular de varias Secretarías estatales, como por ejemplo la revisora Función
Pública en el sexenio de Juan Manuel Oliva, el más cuestionado de los 5
mandatarios de la época panista que han pasado por la casona del Paseo de la
Presa.
Incluso la inesperada confesión de Márquez abona a la
creencia de que en dicho sexenio se relajaron los controles de supervisión y
auditoría de los recursos del erario.

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