sábado, 2 de noviembre de 2013

Un cuento de Halloween

Era la medianoche, tiempo en el que, por una extraña costumbre, en el antro Inferno apenas comenzaba el ambiente a entrar en calor.

En la pista, algunas parejas empezaban a dar los primeros pasos de baile, acordes a la melodía Double Cross de First Choice y el bullicio iba en crescendo con la intensidad de las luces multicolores.

De improviso, un hombre recién llegado atrajo las miradas de los asistentes, pues tenía un aura especial. Su elegante vestimenta, de pies a cabeza, hacía perfecta combinación. Hasta el ‘diablo’ viste de Prada, murmuraban algunas al verlo. Frisaba los treinta y cinco años, calculaban las mentes curiosas, aunque su cabello perfectamente recortado demostraba algunos hilos de plata que lo hacían brillar en la penumbra.

De los ojos verdes del ser emanaban destellos que hipnotizaban a las féminas, deseosas todas de que las conquistase y el preámbulo consistía en que las invitase a bailar.

Una agraciada joven fue la elegida; Él la tomó de la mano y, al entrar a la pista, las demás parejas reaccionaron como en reverencia a tan atractivo dúo.

Ante los acordes melódicos de If There’s love de Amant, el individuo tomó del talle a la ninfa, la estrechó fuertemente y, con su penetrante mirada, ésta se sintió transportada fuera de este mundo, a otra dimensión.-Ya la tengo en mi poder-pensó el fuereño-. Sin embargo, tan inexplicable sensación hizo reaccionar el mecanismo de defensa de la mujer, quien pidió al hombre regresar a su lugar para reponerse necesariamente.

Entonces la actitud del extraño se transformó, se tornó agresivo y, con un rictus adusto y malhumorado convino en acompañar a la joven a su asiento. En ese momento de la noche un ligero tufo a azufre impregnaba el ambiente al paso del ser.

Extrañamente, la joven sentía que estaba a solas con su acompañante, en medio de gente divertida y amante de la vida nocturna.

Al regresar hacia su lugar, la beldad observó con horror el número 666 en el cuello del individuo y una protuberancia con terminación de cola saliendo por debajo del pantalón del extraño y huyó despavorida, deseando que el demonio, diablo, Lucifer, buscara a otra víctima y no a ella. En  ese instante se despertó y se percató, con alivio, de que todo había sido una pesadilla.

-No debí haber visto esa película de terror que me impresionó mucho anoche-, pensó la muchacha, al tiempo que acomodaba su almohada para volver a dormir, sin percatarse de que había dejado la ventana abierta y un fuerte y nebuloso vapor, con olor a azufre, recién había ingresado a su habitación.

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