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| El peatón recupera espacios. |
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| Con elementos simples. |
No los he examinado en detalle, pero supongo que los bolardos, que recién colocaron en algunas calles
de la ciudad, aunque lo parecen, no son totalmente redondos, pues de lo
contrario rodarían, como dice la canción, como una piedra rodante. Así como la
vida es para vivirse, algunas piedras son para que rueden y cambien de posición.
Pero éstas piedras no ruedan, sino que están inmóviles, pues esa es
precisamente su función, que no rueden, sino sería el caos.
¿A qué me refiero? A que el centro histórico de León
está en obras de remodelación, que comprenden lo que se puede observar sobre la
superficie y lo que no, sobre el subsuelo. Habrá algunos cambios, esencialmente
en la imagen urbana y en las conductas humanas preestablecidas.
Abundo: Existiendo una zona
exclusivamente peatonal en el primer cuadro, sucedía que, en las calles
adyacentes al mismo, los automovilistas circulaban a gran velocidad, reclamando
su derecho a transitar en la urbe. Por su parte, los peatones sufrían al
esquivar todos los vehículos en las bellas pero angostas calles. Ahora con los
bolardos–que así se llaman las esferas pétreas, de 100 kilogramos-se recuperan
espacios, pues de dos carriles que había se redujeron a uno, además de que los
automovilistas deberán aminorar la velocidad para no destruirlos, so pena de
sufrir el escarnio público y vergüenza ajena.
Sin embargo, como toda circunstancia de influencia y nueva conducta masiva, no existe unanimidad favorable a las bolas, sino división de opiniones en su aparición, hace unos días.
Sólo el tiempo dirá si los resultados de su colocación
son exitosos o no.


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