Atisbar, de manera presencial, el extenso horizonte de León, desde la cima del Cerro Gordo, al poniente, ya no es necesario, pues un sitio de Internet ha ubicado una cámara, que nos permite observarla siempre que queramos, como si fuese desde nuestra ventana.
Aunque el ángulo de la cámara web permite ver sólo un tercio de ella, es la mejor vista del valle donde la ciudad está asentada, pues podemos observar también algunos de los cerros que la circundan, entre ellos el más conocido, llamado del Cubilete, en el extremo noreste, pero no el cerro del Gigante, el más alto, ubicado al norte de la mancha urbana, los cuales funcionan como sitios para escalar y practicar el senderismo de manera esforzada, cuesta arriba, tal como se presenta la vida para la mayoría de sus habitantes.
Pese a que León fue distinguida el año anterior en el sitio más alto de las tres mejores ciudades mexicanas para vivir por una firma internacional de bienes raíces, porque es una comunidad pujante de ciudadanos laboriosos, existen nubarrones que amenazan seriamente su futuro.
El primero es el abandono
gubernamental federal. Siendo éste un país centralista, en el cual los presupuestos y programas dependen de una decisión política, la ciudad quizá sea la menos
atendida por el actual gobierno, afectando la calidad de los servicios urbanos,
como la seguridad, además de que la inversión oficial, sobre todo en el área
social, per cápita, se ha desplomado. Baste decir que, el presidente Peña sólo ha estado
una vez, en dos años, por unos minutos, en la ciudad.
El segundo es el dragón asiático, que amenaza destruir
la planta productiva local por el crecimiento exponencial de las importaciones
de manufacturas competidoras, como el calzado, a precios de dumping, originando
pérdida de empleos. La paradoja es que detrás de las importaciones suelen estar
los propios empresarios connacionales.
El tercero tiene que
ver con el aspecto económico y de actitudes, como lo señala el informe país
del Instituto Nacional Electoral, que indica que todo México se encuentra en un
complejo proceso de construcción de ciudadanía que se caracteriza, en términos
muy generales, con una desconfianza en el prójimo y en la autoridad-especialmente
en las instituciones encargadas de la procuración de justicia-la desvinculación
social en redes que vayan más allá de la familia, los vecinos y algunas
asociaciones religiosas y en general desencanto con los resultados que ha
tenido la democracia.

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