Supuestos desestabilizadores acechantes, por lo menos en el discurso, es una práctica muy común de los gobernantes de los países latinoamericanos. Parece que Maquiavelo es consultado por todos los mandatarios.
Curiosa fotografía de un policía federal, charlando amistosamente con un embozado, momentos antes de que fuese atacado el Palacio Nacional por "un grupo de anarquistas", precisamente embozados.
Federal charlando muy a gusto con encapuchado cerca del zócalo #Mexico pic.twitter.com/udbXs0smwa
— Anonymous Ibero (@Ibero_Anon) noviembre 21, 2014
Diríase que la palabra desestabilización forma parte del manual de cada gobierno, cuando se ven agobiados por problemas políticos, económicos o sociales, que ellos mismos provocaron.
Por ejemplo, el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, acaba de pronunciarla cuando, enojado, se refirió a los grupos que parecen buscar la desestabilización del país, cuya circunstancia actual es plena de protestas, e incluso muchos ciudadanos exigen su renuncia.
México vive el peor momento político desde 1968, año de la matanza estudiantil de Tlatelolco. Extrañamente, los partidos políticos de oposición, como el PAN, que gobernó los dos anteriores sexenios, guardan silencio cómplice.
Otros
mandatarios del continente han expresado discursos similares en el pasado
reciente:
Hugo Chávez (Venezuela) acusando a la oligarquía de
desestabilización.
Cristina
Kirchner acusando a los mercados financieros de desestabilización.

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