Estoy muriendo, es decir,
no literalmente, aunque todos los seres humanos morimos un poco cada segundo porque así es la vida; así como llegamos al mundo
nos iremos tarde o temprano de él.
Creo que la temporada de
fin de año me ha sensibilizado sobre el fin de las cosas; me ha impregnado de
nostalgia como pocas veces.
De repente me encuentro
recordando acontecimientos pasados, generalmente en mi niñez, y relaciono
algunos sucesos importantes del mundo con ella, o cuando escucho alguna canción
de esos tiempos recuerdo esa época con tantos detalles como si hubiese sido
ayer; definitivamente me pegó la Navidad y fiestas de fin de año, a mí que soy fan de
Scrooge.
En efecto, para los
psicólogos, la temporada es propicia para el constante recuerdo del pasado,
incluso para reafirmar aquello de que todo tiempo pasado fue mejor. Pasajes de la
infancia en la calidez del hogar o momentos inolvidables en compañía de los
seres más queridos salen a flote para
ser comparados con el momento presente.
En Estados Unidos y el norte
de Europa se le conoce como la depresión blanca. En el resto del mundo como la
depresión navideña.
Por suerte los síntomas son
temporales, generalmente desaparecen hasta la siguiente navidad.
Por mi parte, puedo decir que
la nostalgia descrita al principio, ha sido transformada por un pensamiento que
alguien en la dimensión desconocida me envió, el cual reza así:
Vive el momento y sobre tu espacio, haz que la vida se vaya despacio.
No te sujetes del pasado; siembra y construye lo que has deseado.

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