lunes, 8 de junio de 2015

Juego de Tronos en Aztlán



En Aztlán, con grandes porciones de su territorio en situación medieval, el día de ayer hubo dramáticas batallas por el poder, en los cuatro puntos cardinales.

Un día después de la cruenta jornada comicial, las huestes políticas hacen corte de caja, con ábaco por supuesto, por aquello de la tardanza de resultados finales: casi todos ganaron y perdieron algo.

El "héroe" absoluto ha sido Jaime Rodríguez, a.k.a. El Bronco, apartidista Llanero Solitario, curtido hombre del campo y montañas que roza las 6 décadas, pero con talante de treintañero. Él, con el simple poder de su palabra, convenció al pueblo y ha vencido, en fragorosa batalla, a las poderosas dinastías del norteño Reino de Nuevo León.

Mientras que en el central Querétaro, con la Piedra de Bernal como testigo, a lo lejos, han quedado despojos del soberbio primate controlador (PRI), destruido por Francisco Domínguez, integrante de las huestes albiazules.

En cambio, en la agreste zona del sureste, comprendida por los enclaves de Michoacán y Guerrero, las dinastías se han mantenido incólumes, pues sus adversarios han mordido el polvo, exánimes.

Juego de Tronos es el nombre en el cual nadie está seguro de amanecer con vida, en la disputa por el poder en Aztlán, enigmático territorio de dos millones de kilómetros cuadrados, con enormes cordilleras y vergeles, y rodeado de profundos mares azules.

Debo terminar para huír, no sin antes decir que he visto a un enorme dragón engullir frutos de caza y pesca con un valor de US$ 1,500 millones. Tenía una marca en su gigantesco cuerpo, con tres letras: INE.

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