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Las elecciones intermedias, que acaban de efectuarse en México, han estado lejos de servir como reguladoras de
tensiones sociales; por el contrario, la coyuntura está mostrando que éstas se
han exacerbado. Al parecer, en lo único que funciona el proceso electoral es en
el reacomodamiento de las élites.
Días difíciles, por decirlo
suavemente, han sido vividos antes y después de los
comicios. No ha cambiado absolutamente nada.
La inseguridad, inestabilidad y hasta zozobra se enseñorean en varias regiones del país.
La inseguridad, inestabilidad y hasta zozobra se enseñorean en varias regiones del país.
Por ejemplo, el día de
ayer, viernes, en la ciudad de García, Nuevo León (norte), lugar de origen del
triunfante gobernador independiente El Bronco, han sido asesinadas 10 personas,
en un solo suceso, en unos instantes.
Mientras que, en el
profundo sur, comprendido por los estados de Michoacán, Guerrero, Oaxaca y
Chiapas-que entre urnas incendiadas han votado todos por el oficialismo- los
miles de maestros en paro, que se oponen a la reforma educativa, han presentado
formalmente un amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para
evitar su implementación pero han advertido que, si no es favorable a sus
demandas, ignorarán la resolución. Mientras, efectúan actos vandálicos que quedan impunes.
En tanto en otro estado
oficialista, Jalisco, al occidente, 108 funcionarios han sido asesinados en los 4 años que han transcurrido de la actual administración del gobernador Aristóteles Sandoval.
Quizá debido a esta
terrible situación, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas, los ciudadanos mexicanos ocupan ahora el primer lugar en
peticiones de asilo a Estados Unidos, desplazando al segundo puesto a los
ciudadanos originarios de China, un país totalitario.
En efecto, como sostienen
algunos personajes globales, México aterra.
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