En 1981, el presidente Ronald Reagan sufrió un atentado, junto a su
comitiva, a dos meses de iniciar su mandato, recibiendo indirectamente un
disparo de su agresor, John Hinckley Jr., quien posteriormente sería declarado inimputable
y fue recluido en un hospital psiquiátrico. De acuerdo a los médicos, la bala
le perforó un pulmón, pero milagrosamente quedó a 2.5 centímetros del corazón.
Cuentan las crónicas que, cuando Reagan despertó en el Hospital de
Washington D.C. y se vio rodeado de personal médico, lo primero que dijo
fue:-Díganme que todos ustedes son Republicanos.
El de Reagan ha sido el primer caso de un intento de asesinato contra un
Presidente americano, que sobrevivió al suceso.
Por cierto, Hinckley ha sido dejado en libertad condicional en julio de este año, 35 años
después, y regresó a la casa de su madre, en Virginia.
El más reciente crimen de un presidente fue en 1963, cuando John F.
Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas, mientras paseaba en un automóvil
descapotado.
Anteriormente, en 1901, en Buffalo, Nueva York, el presidente William
McKinley fue asesinado de un disparo durante la celebración de la Feria
Mundial.
Mientras que en el país vecino del sur, México, el primer presidente democrático tras la
Revolución Mexicana, Francisco I. Madero,
fue asesinado en 1913, por órdenes del general Victoriano Huerta, en un golpe de
Estado conocido popularmente como La Decena Trágica.
Y en 1928, Álvaro Obregón, que comenzaba su segundo periodo
presidencial, fue asesinado de un disparo por un hombre, José Toral, quien le mostraba algunas
fotografías, se informó entonces,
mientras departía en una comida con los diputados del estado de
Guanajuato en un restaurante de la ciudad de México.
Sin embargo, dos décadas después, se supo que en realidad hubo más tiradores, y que el de Obregón se trató de un crimen de Estado en donde estuvo involucrado su antecesor, el presidente Plutarco Elías Calles, fundador del actual partido gobernante en México, PRI.
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