En México, estamos en
los albores del proceso 2018, con las precampañas para la elección presidencial
del 1 de julio. Inicia la transmisión de 68 millones de spots en televisión y
radio por los próximos 60 días, luego de los cuales iniciarán formalmente las campañas, con otros tantos más.
Un exceso y
un abuso. A la fecha, ya deberíamos tener decidido por quién votar y por quién
no. O abstenernos.
No es que
entre proceso y proceso-el último fue en 2015-, no ha habido spots. Todo el
tiempo los transmiten, pero no en el bombardeo que viene.
En mi caso, “el
vídeo mató la estrella de la radio”. Cada vez la escucho menos. No para
escuchar música, por cierto.
En cuanto a
la televisión, he de decir que evito verla. Ya he visto demasiada de su estulticia
y, cuando mucho, dedico 3% de mi tiempo libre.
Así que, por
lo menos para mí, no será problema esquivar la masacre.
Aunque el colmo
será que en redes sociales también impere. Por lo menos en Twitter, en donde
tengo cuenta, sería loable que identificasen los tuits de campañas.
Y en la web,
creo que eliminando las cookies y los banners estaré protegido.
Por lo demás, resiliencia es necesaria. Es decir, la capacidad de sobreponerse a un estímulo adverso.
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