La Facultad de Derecho de la Universidad de Stanford, en su programa sobre Estado de Derecho del Diálogo Interamericano, ha alertado que "la elección de ministros (as) para la Corte, jueces (as), y magistrados (as) federales mediante votación popular, el 1 de junio, puede incentivar decisiones judiciales orientadas a obtener votos para la satisfacción de ciertos grupos de interés o políticos, en lugar de juicios imparciales basados en los hechos y el Derecho".
"Esto contraviene las normas internacionales que reconocen que la selección de los jueces debe ser ajena a las presiones políticas y fundamentarse en los méritos".
Sin embargo, nada de lo anterior importa al oficialismo mexicano, que es una mezcla de desprestigiados políticos del otrora hegemónico Partido Revolucionario Institucional, provenientes desde la 'dictadura perfecta' (Mario Vargas Llosa dixit) del siglo pasado, junto a los sindicatos de trabajadores de la educación y otras burocracias sindicales que sorprendentemente han hecho alianzas naturales con la izquierda socialista, ex guerrilla y las Fuerzas Armadas, en una extraña chapuza.
Todos los gobiernos se padecen, reza la frase, para describir las tensiones entre gobernados y gobernantes.
Sin embargo en México, ahora y desde 2018, más que nunca, la mentira ha sido disfrazada de esperanza.
El régimen ha debilitado el Instituto Nacional Electoral, y ya ha eliminado el Instituto de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos, y otros organismos que fueron creados en los albores del siglo como base de un sistema de pesos y contrapesos, cruciales en una democracia.
O como lo describió adecuadamente el antropólogo Roger Bartra en su reciente libro "Regreso a la Jaula", por voluntad propia la sociedad mexicana parece haber elegido retroceder cincuenta años a lo peor padecido.
Por ejemplo, el rubro de la salud pública, es una de las asignaturas fallidas del régimen, que incluso ha reconocido su fracaso en la licitación de medicamentos por los próximos dos años y seguirá habiendo gran escasez de los mismos, al tiempo que resurgen enfermedades que se creían superadas como el sarampión, tos ferina, varicela y el virus del papiloma humano.
Y en materia de seguridad el desastre es similar, pues a la designación oficial de Estados Unidos como terroristas a las organizaciones del narcotráfico el régimen ha hecho todo lo posible por minimizar el problema de desaparecidos por el reclutamiento forzado de jóvenes para los fines del hampa organizada.
Las extorsiones marcan récords históricos día tras día.
Además de todo lo anterior, el régimen ha afirmado falazmente que han disminuido los asaltos al transporte en las carreteras, algo que desmienten los propios empresarios afectados, quienes argumentan que, al contrario, han incrementado en 25 %.
Lo dicho, en el régimen actual la mentira es disfrazada de esperanza.
Hasta que los mexicanos toquemos fondo como país o abramos los ojos adentro de una prisión al ser detenidos injustamente y sin poder defendernos ni ampararnos legalmente. Lo que ocurra primero.

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