Aquí vamos de nuevo con lo último de la extrañísima "relación" bilateral.
La semana pasada, en el desprestigiado Congreso de México, con los usuales gritos y desplantes, y hasta un reto a golpes de un legislador del oficialismo a un legislador opositor, en sesión extraordinaria, llamada con urgencia por la presidente Sheinbaum, ha sido reformada por enésima vez la Constitución para incluir la "injerencia política externa" fundamentalmente de Estados Unidos, como una de las causales de invalidez de un proceso electoral.
En efecto, en lo que se ha llamado 'blindaje electoral' del oficialismo 4T, que podría argumentar fácilmente en caso de perder la siguiente elección presidencial, pues ya tiene cooptado en su favor al Tribunal Electoral, e incluso a sus integrantes la 4T los premió con conservar sus cargos por más tiempo, hasta completar cada uno dieciocho años.
Por su parte, el jueves pasado, en frente de Donald Trump, el Secretario de Guerra, Pete Hegseth, declaró en Washington que "Vamos a la guerra con los cárteles", ante lo cual, rápidamente, en México, la presidente Sheinbaum respondió que no se refería especialmente a los cárteles mexicanos, ya que "Tenemos un entendimiento mutuo".
Sin embargo, desdeñó la solicitud de detención con fines de extradición de los diez funcionarios de Sinaloa indiciados por la Fiscalía de la administración Trump
¿A cuál "entendimiento" con EEUU se refiere Sheinbaum?
Ya es hilarante la doble retórica del gobierno mexicano y lo más grave de la situación es la percepción de que a la presidente alguien más le está ordenando expresarlo.
La muestra de incongruencias de Sheinbaum siguió durante el domingo y el día de ayer, lunes.
El domingo, en un acto masivo, oneroso, eminentemente teatral y de régimen de partido de Estado, Morena, (muy debilitado, por cierto) una combativa presidente Sheinbaum dio su más duro discurso contra la supuesta injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de México.
"(EEUU) dicen que vienen por unos, y que seguirán otros, pero nosotros les decimos que aquí hay un pueblo unido", "No somos piñata de nadie", a grosso modo su discurso soberanista.
Aunque al día siguiente, lunes 1, la presidente matizó sus expresiones diciendo que "no creo que el presidente Trump esté dirigiendo la injerencia, sino creo que la ultraderecha de Estados Unidos es quien realiza la campaña contra México".
El mismo lunes, el embajador Ron Johnson ha declarado que "No es adecuado politizar y polarizar el desafío de la seguridad binacional, ya que esto representa una oportunidad perdida para fortalecer la cooperación".
Sin embargo, esta mañana de martes, también la presidente Sheinbaum ha respondido a Ron Johnson, espetándole, en pocas palabras, que "respete los asuntos internos de México".
¿Ese es el "entendimiento mutuo" del que se ufanaba la propia presidente Sheinbaum hace unos días?
Un "diálogo" de sordos entre los dos países, vecinos muy distantes.
Video del acto nacionalista del domingo 31 de mayo de Claudia Sheinbaum. Las cartas están echadas por ambos.


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