lunes, 17 de octubre de 2011

Sucesos urbanos: Matan a joven en bar

El festejo de Marco Fabián por su gol:¿Reflejo de la realidad?
El último trago de su existencia ha sido un whisky en las rocas. La última copa. El último baile. A juzgar por su estilo de vida, le gustaba vivir a todo lujo. Hacía poco tiempo que llegaba a la Ciudad de León, la ciudad del refugio, tradicional para los habitantes de zonas periféricas, adyacentes a la urbe, según los usos y costumbres desde el siglo pasado cuando, por la guerra cristera, recibió grandes migraciones de gente que abandonaba territorios en llamas, como los cercanos Altos de Jalisco y Michoacán.

En el presente existe otra guerra, que tiene que ver con el narcotráfico, pues el gobierno combate tal delito en lugares cercanos a esta Ciudad, como es el caso del estado purépecha. 

Sí, el protagonista de esta historia es un joven, quien provenía de Michoacán, un edén paradisíaco digno de mejor suerte, pues tiene todo, empezando por la naturaleza, bosques y costas.

A su arribo a la Ciudad, el michoacano treintañero habría alquilado un lujoso departamento en la Torre Mozart, el edificio más alto con 30 pisos y casi 100 metros de altura.

Ubicado en la zona residencial Gran Jardín, que por razones de peso la exclusividad está asegurada, pues dichos departamentos rondan las seis cifras, en dólares. Para transportarse había adquirido una camioneta último modelo Range Rover, de color blanco.

La escena culminante, la del crimen del protagonista, sucedió el jueves 13, al caer la noche leonesa. Departía alegremente con amigos, algunas chicas estaban con ellos, en el Bar Fercho, un ambientado sitio de la zona de antros del Campestre leonés.

Sólo hacía minutos que había llegado un individuo al bar,solo,notorio por su visible tatuaje de una estrella en su brazo izquierdo. No esperó mucho cuando observó que su presa se encaminó al área del sanitario, siendo justo el momento preciso en que disparó a quemarropa, recibiendo el michoacano un certero tiro que le perforó el pulmón, quedando tirado en medio de un charco de sangre, ante el estupor y terror de los presentes. 
El tatuado huyó con rumbo desconocido.

Ocurrió así el final de Jesús Armando, 31 años, quien vivía de prisa y a todo lujo el recién llegado a la Ciudad. 

León se convirtió así, con su muerte violenta, en su última morada, además de ser su ciudad del refugio en el fin de sus días.

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