Un debate denso, tenso e intenso, apasionante a ratos, lleno de datos y de contenido económico, reseñó El País, diario español, el jueves pasado, previo a las elecciones de Francia, que hoy ha ganado Hollande.
El cara a cara mantuvo un alto nivel de interés, y el diálogo fluyó con agilidad. Ambos se apoyaron muy poco en sus papeles, y Sarkozy mostró su repertorio de gran fajador y trató de presentar a Hollande como un dirigente inexperto, mentiroso e intolerante. Incluso le acusó de decir calumnias, a lo que el socialista respondió que Sarkozy suele ser “desagradable con sus interlocutores”, y que “eso es lo contrario de lo que necesita el país".
¿Cómo describiríamos mañana, el debate de los cuatro candidatos presidenciales en México, programado hoy a las 8 p.m. en el World Trade Center?
Sin ser adivino, no es difícil predecirlo.
Podríamos escribir que dicho encuentro no ha sido más que una extensión de las campañas-que no emocionan a nadie- de cada uno. Que ha sido sólo una exposición de ideas y buenos deseos. Soso, acartonado y de bostezo.
Podríamos publicar que Peña Nieto no quiso responder a los señalamientos de Vázquez Mota y López Obrador, para cuidar su “amplia ventaja”.
Podríamos acotar que el priísta evitó responder las acusaciones de sus adversarios, de haber rebasado ostensiblemente el tope de gastos de campaña, reglamentado por el Instituto Federal Electoral.
Podríamos comentar que Quadri asistió casi como convidado de piedra, por su pequeñez.
Podríamos analizar además que, después del ‘debate’, las encuestas no se movieron una milésima de punto porcentual. O si hubo cambios, se debe a que a los votantes indecisos les sirvió este ejercicio para definir su voto, a casi dos meses de la elección.

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