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| Grandes empresarios comenzaron de zorritas. |
Si visita León por primera vez e interviene en
conversaciones con personas nacidas y crecidas aquí, tal vez debería conocer el
significado de algunos localismos que forman parte del lenguaje cotidiano y
cuya peculiaridad radica precisamente en que sólo en ésta ciudad su acepción es
diferente y/o complementaria con respecto al diccionario de la Real Academia Española.
Verbigracia: En una conversación que sostenían dos hombres,
Juan y José, adultos en plenitud, se escuchó a don José confesar que, cuando
aún era un niño, trabajaba de zorrita y le pagaban 10 pesos a la semana. Pero que
nadie se escandalice, pues la acepción de zorrita en esta ciudad, es un niño que
trabaja en los talleres de fabricación de calzado, generalmente ayudando a su
papá, quien le enseña el oficio zapatero.
Cabe hacer notar que el localismo zorrita está
paulatinamente en peligro de extinción a causa de la ley laboral que prohíbe el
trabajo infantil.
-“Voy a tomar la oruga para ir a casa de mi suegra”, se
escuchó decir a una joven, quien llamaba por celular, a la salida de una
atestada tienda de regalos. Su expresión no tenía nada que ver con algún
insecto, sino con el autobús articulado, de color verde, para 160 pasajeros,
que recorre la ruta en carriles confinados del Sistema Integrado de Transporte.
Por último, un bullicioso grupo de estudiantes de preparatoria
expresaba, entre juegos y risas “ya hace hambre, vamos a comer guacamayas.”
Pero no se trataba de un ave de colorido plumaje, sino de un alimento
ligero, preparado como la típica torta mexicana, que consiste en un bolillo que
contiene chicharrón duro de cerdo, jitomate y cebolla finamente picados,
rebanadas de aguacate y aderezado con picosa salsa de chile de árbol.
Deliciosa.

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