La política mexicana, cual Hydra o monstruo de mil cabezas incontrolable, también tiene sus propios códigos y términos.
Sus definiciones distan de ser las que contienen los diccionarios. Por ejemplo,
chapulín no es un insecto, al menos no como los conocemos en la naturaleza,
sino que son aquellos funcionarios, militantes de un partido político, quienes
renuncian a sus puestos sin concluir sus encomiendas, para ir a por otros
puestos, generalmente de mayor rango y remuneración. No importa que los
programas queden inconclusos.
Es el caso de los alcaldes-denominados
delegados en la ciudad de México-con la renuncia en masa de 12 de ellos, del
izquierdista Partido de la Revolución Democrática, para buscar una diputación
en el Congreso de la Unión.
O la alcaldesa de
Monterrey, Margarita Arellanes, del conservador Partido Acción Nacional, quien
renunció a la alcaldía para contender por la gubernatura de Nuevo León, norte
de México.
En todo el país, ese tipo
de renuncias y reacomodos son algo
común, lo cual confunde e irrita al electorado, por lo cual los políticos
padecen un gran desprestigio, como indican las encuestas.
Además, para los ciudadanos son célebres las
citas:”Un político pobre es un pobre político”, y “Vivir fuera del presupuesto
público es vivir en el error”.
Para concluir, vea un monólogo en vídeo sobre los chapulines, donde el primer actor Héctor Suárez, en su gustado personaje Justo Verdad, los ‘defiende’.
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