A través de los años, la ciudad de Guanajuato ha sido
el escenario ideal para las historias de amor, pues varias producciones cinematográficas
relativas al romance han tomado sus señoriales casas, sinuosas calles y coloniales
paisajes.
Bugambilia, amorosamente
dramática, de época (siglo XIX), producida por Clasa Films Mundiales y dirigida
por Emilio Fernández, en 1945, con la recordada primera actriz Dolores del Río
en el papel de Amalia de los Robles, bella y rica heredera a quien todos los
muchachos de la ciudad pretendían, pero ella se enamorará únicamente de
Ricardo Rojas, capataz minero al servicio de Don Fernando, su padre dueño de la mina, quien le prohíbe dicha relación por no ser de su misma clase social.
Ricardo, interpretado por
el primer actor Pedro Armendáriz, se va de Guanajuato y regresa por Amalia, después
de haber hecho riqueza en otros pueblos mineros, pero sin ser aceptado aún por Don
Fernando, quien lo ultima en el momento de recibir la bendición nupcial por el
sacerdote.
Meses después, en el
juicio de inculpación de Don Fernando, Amalia de los Robles declaraba falsos testimonios
a favor de su padre aún a costa de su reputación, para evitar que fuese
condenado duramente pero, no pudiendo soportarlo, aquél se suicida ante su
mirada atónita y la de todos los presentes.
Con el paso de los días, una
solitaria Amalia de los Robles guarda siempre luto y se recluye en su otrora
elegante mansión, que ahora luce descuidada y triste. Ahí recuerda a Ricardo,
su gran amor finado expresando, mientras tocaba magistralmente en el piano los
acordes de Liszt, que ella también
sentía estar muerta. Fin.
Algunas otras películas
románticas, cuyo escenario ha sido Guanajuato son:
Un novio para dos hermanas
(1967) con la actuación de las españolas Pili y Mili, Fernando Luján, Ángel
Garasa y Sara García, dirigida por Luis César Amadori.
El Estudiante (2009), con
Jorge Lavat, Norma Lazareno, con la dirección de Roberto Girault.
Y es que sus rincones
inspiran al romance, como los túneles, jardines , plazas e iglesias; además el
Callejón del Beso, que no puede faltar en sus recorridos por la ciudad, ya que
cuenta la leyenda de un amor prohibido para los novios, quienes sólo podían encontrarse a través de los
balcones superiores de dos casas del estrecho callejón.
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