sábado, 14 de febrero de 2015

País: La corrupción como hábito


En 1982 el presidente electo Miguel de la Madrid, cuya promesa principal fue la renovación moral de la sociedad, ya visualizaba a millones de compatriotas enfermos, adictos a la corrupción, no precisamente él mismo. Su gobierno se recuerda trágicamente, por el terremoto de 1985 y nulo crecimiento económico, pero de renovación moral, nada.

En el México de hoy, el presidente Enrique Peña Nieto, inmerso en escándalo por conflicto de interés, que él no reconoce pero que todo el mundo observa, es la persona menos indicada para llamar a la renovación moral, por lo cual el Consejo Coordinador Empresarial, organismo cúpula que agrupa al sector privado, ha emitido un llamado desesperado a rubricar un código de integridad y ética empresarial, con la esperanza de que sea imitado por el gobierno, mientras en el Congreso de la Unión se debate en estos momentos una nueva Ley Anticorrupción que pocos conocen su alcance.

En tiempos de corrupción, es cuando más leyes se dan, dijo el filósofo francés en el siglo XVI, Étienne Bonnoc de Condillac.

Regresando al siglo XXI: se podrían llenar bibliotecas enteras de historias de corrupción mexicana, como por ejemplo el sui géneris fraude con el oficial juego de azar llamado Melate, perpetrado en enero de 2012 en una concertación múltiple de funcionarios, con la modelo presentadora de televisión, el jefe de piso, el camarógrafo del sorteo y familiares de todos ellos, quienes se repartieron un premio de 160 millones de pesos (US$ 14 millones).

Cuasi diríase que la corrupción está en la mente nacional con la misma naturalidad que respirar; por ejemplo al cargar combustible para el auto está documentada una pérdida de 2279 pesos (US$ 200) al año para cada usuario, de acuerdo al diario El Norte, a causa de las despachadoras arregladas para dar menos litros de los que marcan.

Como estos dos ejemplos hay miles más, aunque siempre se podrá culpar a la conquista española de hace 500 años.

Corrupto eres y en corrupto te convertirás.

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