Las Administradoras de
Fondos para el Retiro (AFORE), en México, se constituyeron en 1997 con el
objetivo de regular las pensiones de los trabajadores, principalmente del
sector privado. Después de fusiones, liquidaciones, traspasos y adquisiciones
entre las mismas, al momento una docena de ellas cuentan con un monto de
recursos conjunto superior a los dos billones de pesos.
Pero como las Afore-que al
igual que varios bancos algunas son administradas desde el extranjero- están
autorizadas a invertir sus fondos en instrumentos nacionales e
internacionales, el riesgo de pérdidas o quebrantos se mantiene latente en un
entorno de volatilidad financiera mundial. Por ejemplo, en mayo de 2013 se
registró un decremento de casi 100 mil millones de pesos en activos con
respecto al mes anterior.
¿Es rentable para un
trabajador efectuar aportaciones voluntarias? Mi opinión es que no, pues
conozco bien un caso en el cual de cada 100 pesos invertido se ha obtenido un
rendimiento neto, descontando la inflación, de 1% anual, a todas luces
insuficiente en comparación al costo de financiamiento bancario.
Aunque cada una de las
administradoras otorga distintos rendimientos, las cifras son similares.
Además, en un país en el cual el estado de derecho es frágil, aunque existan
regulaciones en exceso, los imprevisibles siempre estarán latentes.

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