La travesura de un perro, en el justo momento y a la vista de todos, ha servido para el solaz disfrute de los ciudadanos en
México-atribulado país en el cual la confianza hacia los políticos
está en su nivel más bajo- tanto así que las redes sociales y los principales portales de Internet la han difundido.
Cuando el alcalde de
Guadalajara, Ramiro Hernández (PRI), se encontraba rindiendo pleitesía a su
ego, tomando la palabra para dar un elaborado discurso auto elogioso y
del gobernador del estado de Jalisco, Aristóteles Sandoval, de su mismo partido
político, quien se encontraba adjunto a él, un perro lo orinaba.
Aunque en este país que le
orine un perro significa el cenit de la mala suerte, haciendo de tripas corazón-nunca
mejor dicho-, el alcalde Hernández ha
enviado un tuit, horas después del jocoso incidente, expresando que hasta los
animales son atendidos diligentemente por su gobierno.

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