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| Imagen: 5 placas tectónicas confluyen en México. |
Todos los
días ocurren cientos, miles de pequeñísimos e imperceptibles temblores en
México. Lo saben los sismólogos, con sus modernos instrumentos y lo sabemos los
ciudadanos.
Aunque hay
de sismos a sismos. Son de dos clases: a saber, los naturales y los producidos.
Los primeros
son inevitables, pues el país, como el mundo, está asentado en placas
tectónicas que, como los astros, están en continuo movimiento.
En la llamada de
Norteamérica, para ser específicos, flota México y ésta se mueve centímetros al
año, suficientes para colisionar con las placas de Cocos y De Rivera, en el Océano Pacífico, y así originar los temblores en el territorio nacional, como los más
grandes del 7 y 19 de septiembre, precisamente cuando se cumplían 32 años del
terremoto de 1985.
Para colmo
de males, vastas zonas de la capital están asentadas en blando, fangoso subsuelo. El monto de los daños, en
ambos sucesos, habría ascendido a US$2,500 millones y, según estimaciones, el
Producto Interno Bruto (PIB) se habría contraído 0.5%.
Sin embargo,
si la vulnerabilidad del país a los embates de la naturaleza es muy alta, lo
cual parece soslayar la clase política, inmersa todos los días en corrupción, reyertas
y cuestiones baladíes, no lo es menos a los embates de la economía.
Por
definición, un desastre es un fenómeno crítico que ocurre en el límite entre
dos sistemas complejos a una escala específica en el espacio-tiempo.
Es el caso
de los sismos, sequías, huracanes, inundaciones. Otros desastres pueden
involucrar a un organismo humano, al sistema ecológico de una región o a la
economía, como en el caso de los desastres financieros.
México está
acostumbrado también a éstos. Por ejemplo, el más reciente, en 2009,
en medio del colapso de las Bolsas en EE.UU., el PIB tuvo un retroceso de 4.7%.
Y en 1995,
en plena crisis del tequila, que como su nombre lo indica se originó aquí,
retrocedió 5.7%.
Antes, en
1986 por el devastador terremoto del año previo, la caída fue de menos 4.8% y en
1983, luego de la crisis de deuda del año previo, la pérdida fue de 4.2%.
Y en la
actualidad, con el poderoso vecino gobernado por Donald Trump, las perspectivas
de una economía más debilitada se asoman cada vez más, por la posible
cancelación del TLCAN.
O hasta esperar el próximo, gran terremoto.
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