domingo, 26 de noviembre de 2017

País: Certeza sísmica

Imagen: 5 placas tectónicas confluyen en México.


Todos los días ocurren cientos, miles de pequeñísimos e imperceptibles temblores en México. Lo saben los sismólogos, con sus modernos instrumentos y lo sabemos los ciudadanos.

Aunque hay de sismos a sismos. Son de dos clases: a saber, los naturales y los producidos.

Los primeros son inevitables, pues el país, como el mundo, está asentado en placas tectónicas que, como los astros, están en continuo movimiento. 

En la llamada de Norteamérica, para ser específicos, flota México y ésta se mueve centímetros al año, suficientes para colisionar con las placas de Cocos y De Rivera, en el Océano Pacífico, y así originar los temblores en el territorio nacional, como los más grandes del 7 y 19 de septiembre, precisamente cuando se cumplían 32 años del terremoto de 1985.

Para colmo de males, vastas zonas de la capital están asentadas en  blando, fangoso subsuelo. El monto de los daños, en ambos sucesos, habría ascendido a US$2,500 millones y, según estimaciones, el Producto Interno Bruto (PIB) se habría contraído 0.5%.

Sin embargo, si la vulnerabilidad del país a los embates de la naturaleza es muy alta, lo cual parece soslayar la clase política, inmersa todos los días en corrupción, reyertas y cuestiones baladíes, no lo es menos a los embates de la economía.

Por definición, un desastre es un fenómeno crítico que ocurre en el límite entre dos sistemas complejos a una escala específica en el espacio-tiempo

Es el caso de los sismos, sequías, huracanes, inundaciones. Otros desastres pueden involucrar a un organismo humano, al sistema ecológico de una región o a la economía, como en el caso de los desastres financieros.

México está acostumbrado también a éstos. Por ejemplo, el más reciente, en 2009, en medio del colapso de las Bolsas en EE.UU., el PIB tuvo un retroceso de 4.7%.

Y en 1995, en plena crisis del tequila, que como su nombre lo indica se originó aquí, retrocedió 5.7%.

Antes, en 1986 por el devastador terremoto del año previo, la caída fue de menos 4.8% y en 1983, luego de la crisis de deuda del año previo, la pérdida fue de 4.2%.

Y en la actualidad, con el poderoso vecino gobernado por Donald Trump, las perspectivas de una economía más debilitada se asoman cada vez más, por la posible cancelación del TLCAN.

O hasta esperar el próximo, gran terremoto. 

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