"No tiene ciencia ser presidente", ha afirmado AMLO cuando por fin llegó a la silla. Justo al estertor de su primer año.
"Tiene que ver más con el sentido común, que a menudo es el menos común de los sentidos", complementó su frase el presidente más hablantín de la historia reciente del país, y quien ha exigido ser escuchado en dos intentos frustrados y uno consumado en su periplo presidencial.
Cuando llegó al palacio, en 2018, comenzaría - además de su teatro político, como calificó The Economist a su conferencia diaria a modo- a ejercer el poder tal como él lo concibe, autoritario, como por ejemplo con histriónicos actos con los 31 gobernadores estatales -excepto con la jefa de gobierno de la ciudad de México, su delfín- quienes fueron abucheados -uno por uno- por los asistentes al mitin, quienes fueron previamente aleccionados para el efecto con un manual de instrucciones.
Actualmente, el autoritario AMLO ha estado utilizando como ariete al secretario de Gobernación (Interior), Adán Augusto López, en el papel de golpeador de los gobernadores estatales que osen contradecir mínimamente sus dictados.
Pese a que el histriónico oficialismo a su rienda ya cuenta con los 17 votos necesarios para su objetivo de que las fuerzas armadas permanezcan en las calles hasta 2028, AMLO ha amenazado con tomar represalias contra los gobiernos estatales cuyos congresos locales se posicionen contra su propuesta.
Quiere unanimidad en su favor, demostrando al conjunto de 130 millones de habitantes que su sentido común no lo es tanto.
En varios de los estados de la República, entre ellos algunos de los más desarrollados y vanguardistas, como Nuevo León, Jalisco, Guanajuato, Chihuahua, Querétaro y Aguascalientes, el oficialismo de AMLO es minoría.
Por otra parte, esta puntual distorsión mental del presidente se ha mostrado fehacientemente una y otra vez en estos cuatro años de su purgante gestión.
Por ejemplo, ante la fija mirada de Donald Trump, a la sazón presidente del vecino país del norte, EE. UU., AMLO aceptó rápidamente su exigencia de cuidar - con recursos mexicanos- la frontera común, so pena de supuestas represalias americanas.
Así, México está pagando el muro, como pretendió siempre el magnate.
"Nunca vi a nadie doblarse tan rápido como el gobierno de AMLO", afirmaría mucho después de su salida de la Casa Blanca Trump, en un rally de su campaña de regreso en Ohio, en abril de este año.
"Para unos hay otros", reza el proverbial refrán mexicano.

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