jueves, 21 de abril de 2011

La aventura extrema de vacacionar por nuestro país

Playa Linda, Ixtapa, Gro.
Siendo quien esto escribe un hombre de montañas, bosques y vergeles, mi primer contacto con la costa, ha sido un descubrimiento memorable. A la sazón estudiante, junto con un grupo de la preparatoria, hemos viajado con rumbo a Ixtapa.

Salimos de León al filo de la medianoche y, debido al deficiente estado mecánico del autobús, o del chofer, o de ambos, llegamos 16 horas después, al límpido balneario guerrerense. El viaje hasta Ixtapa ha sido de órdago, por las sinuosas carreteras, como en Michoacán, en donde a través de su accidentada orografía, hemos sentido varias veces que el autobús se iría al precipicio. La “carretera”, en muchos tramos, no ha sido sino modestos senderos al borde de los cerros. El despeñadero nos esperaba, peligrosamente bello.


Casi al mediodía siguiente, hemos hecho una escala técnica en Uruapan, después de pasar por infinidad de pueblos michoacanos como Arriaga, en donde todas sus casas lucían teja roja. Bajamos una hora del autobús, para desayunar y conocer el Parque Nacional y, ya repuestas nuestras energías, nos enfilamos a nuestro destino.En este punto, mi fotografía mental me indica padecer un calor insoportable,  pues estamos en la llamada tierra caliente.
Llegamos a Ixtapa entrada la tarde, después de pasar por el borde del Río Balsas, espectacular. El mar nos ha dado la bienvenida en bonanza, en calma, con su blanca espuma acariciando la playa.
Pernoctamos en Zihuatanejo, pueblo gemelo de Ixtapa, el turístico. Los tres días siguientes los disfrutamos en la Zona Hotelera y en Playa Linda, con sus finas arenas y hermosas palmeras borrachas de sol.


Ya en ese tiempo, el chofer ha debido circular con suma precaución por la noche, a nuestro regreso, en guardia ante posibles asaltantes. Contaban lugareños que detenían autobuses poniendo obstáculos en el camino.Mis compañeras iban preocupadas, con el Jesús en la boca. El México profundo, sempiterno. Hoy la situación es aún más crítica al viajar en autobús por aquellos lares. Es una aventura extrema.

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