domingo, 10 de abril de 2011

MORIR EN EL GOLFO

Ha sido manifestada, en estos días, una expresión colectiva en nuestro país que, en otro tiempo, sonrojaría las mejillas y lastimaría los castos oídos de nuestras abuelas: Ya estamos hasta la madre!, en protesta a los constantes asesinatos, sangre regada por doquier, mientras la clase política vive en su propia burbuja, disfrutando su abundancia y privilegios. La paradoja es que, en el colmo del cinismo, muchos políticos y gobernantes han hecho suya esa frase.

Todos los mexicanos somos iguales y tenemos los mismos derechos, lo señala nuestra Constitución. Pero hay unos más iguales que otros, si no pregunten a los padres de los 36 guanajuatenses, todos de origen rural, presuntamente secuestrados de sus autobuses, durante su trayecto a los EE.UU. y presuntamente asesinados y enterrados en fosas comunes del estado fronterizo de Tamaulipas, cerca del golfo de México.


Mientras que el escritor Javier Sicilia ha sido recibido personalmente, en Los Pinos, por el presidente Calderón, a cinco días de haber sido asesinado su hijo, Juan Francisco, junto a 6 jóvenes más, en la ciudad de Cuernavaca, Morelos.
¿Recibiría Calderón, de la misma manera, en la residencia presidencial, a los padres de los infortunados migrantes guanajuatenses?

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